Blogueros de viajes hay muchos y muy buenos. Lo sé porque he tenido la suerte de colaborar con algunos en mi día a día. Son expertos en describir los lugares donde han estado y en despertar en el lector unas ganas irrefrenables de seguir sus pasos. Mi intención no es esa. Lo siento, querido lector, si he arruinado tus expectativas. Mi propósito es, en realidad, mucho más personal: simple y llanamente contar mis experiencias. Aquellas que te enseñan lecciones, te hacen llorar y crecer, experiencias que te dilatan la sonrisa, te sorprenden o te conmueven. Mi objetivo no es relatar lo increíbles que son las playas de Cerdeña, sino nuestra aventura al quedarnos sin gasolina en una montaña solitaria de la isla, con la mandíbula desencajada de tanto reír. No pretendo retratar lo bonito que es el Big Ben, sino describir lo que sentí cuando esa persona me cogió de la mano por primera vez en las abarrotadas calles de Londres. No podría contar al detalle lo que vi en El Cañón del Colorado, pero recuerdo como si fuera ayer el mareo de mis compañeros de avioneta, mi falta de destreza como copiloto y los treinta y cinco grados que había dentro de aquella chatarra. Ese es el secreto, el misterio de los viajes, que vayas donde vayas y, pase lo que pase, siempre tendrás alguna experiencia que contar.
Todo aquel que quiera pasar el rato o, simplemente, conocerme más de cerca, es más que bienvenido.
Adelante, pasen y vean.
Lara